Thursday, February 23, 2006

060223


¿CERTEZAS?
Lo más raro, lo más interesante de mi relación con Guzman vino poco después de esa primera caminata juntos. Sus preguntas me paralizaban y no encontraba como contestarlas con la verdad. Mis lecturas eran un desastre y a la pregunta: ¿tienes lecturas? No podia decirle la verdad. No quería explicarle que andaba buscando el amor y por eso leía Amor. El diario de Salomé, de Gabriela Vargas Dulché. Y en cuanto a la música, mi miedo e inseguridad me obligaba a callar mis preferencias de esos días. La verdad me encantaba Mocedades, y de sus letras "eres Tú como el agua de mi fuente" o "¿quién no, a los quince ha deseado ver su cuerpo abrazado por el pecado?, o ¿quién no huyendo de la soledad escribió un poema?" inspiraban por entonces mi existir.
Escribo poesía de vez en cuando- dije, ocultando mis fuentes de inspiración.
¿Y qué clase de poesía?
Ayer por ejemplo escribí una que titulé "La Soledad de la chaqueta".
Guzman sonrió como si fuera un rey hablando con un súbdito, esforzándose con cierta hunildad por ser igual.
Yo lo que escribo, nunca lo termino –dijo-. Es más, no paso nunca del primer verso. Ahora sí, tengo cuando menos cincuenta escritos o sea "cincuenta poemas abandonados". No los termino y mis temas son varios, exceptúando el de la soledad. La soledad es un tópico para adolescentes cursis y temblorosos.
Unas horas más tarde solos en su espacioso cuarto le preguntaba el porqué de no terminar los poemas. No me contestó, se había quedado como ausente, miraba hacia la ventana, encendiendo un cigarro.
-¿Porqué no terminar los poemas?
-Mira, vamos a hacer una cosa. Fumémonos un cigarro.
Sacó de su cajón una cajetilla de Baronet. Abrió la ventana y fumamos en silencio.
Guzman puso en el tocadiscos a Bob Dylan, música importada y comprada en Hip70. Me acuerdo hoy, 38 años después, perfectamente de lo que vi mientras escuchamos a Dylan.
Lo vi sumergido a mi amigo y ausente, tan ausente, concentrado en la música. Y no recuerdo haberme sentido más solo que en ese momento. Y tuve la certeza de que ese instánte sería el tema de algún poema sino de lo que es mi historia de hoy.
Lo más raro llegó después cuando vi que en realidad Guzman mantenía los ojos abiertos; estaban fijos, no miraban, estaba dirigidos hacia adentro, hacia una remota lejanía.
Mágica certeza. El escribir, me trae a mi lado aquél instánte, mientras tecleo en la computadora.
Guzman era un extranjero, más extranjero que los discos que escuchaba y para mi más original e interesante que las letras dylianas, que a mi no me acababan de convencer, y así se lo hice saber.
-Es qué no entiendes la letra- me dijo
-¿Y tú si, no?
-No, pero precisamente no entenderlas me parece interesantísimo. Me las imagino, me inspiro, creo lo mío. ¿Quieres leer algo de lo que nunca termino?.
De un cajón sacó una libreta negra que tenía una etiqueta pegada y escrito sobre ella "Poemas abandonados". Leí: "amo el blues de mi sobriedad" "seria maravilloso ser como los demás", "no diré que el alacrán sea", "cachúncachúnrarra Goya, Universidad".
Guzman nunca escribía más del primer verso, me impresionaba y rodeaba su estilo de una personalidad lírica, única. En mis ojos era él un genio, preparado diametralmente opuesto a los demás, para el triunfo.
Yo trataba de que no notara mi admiración y asombro e intentaba mostarme indiferente.
Mi fascinación por Guzman se volvió casi enfermiza. Dentro de lo menos doloroso se halaba el hecho de mi transformación ante los ojos de os demás. La mayoría olvido al "Camellito" y mi curiosidad se volvió una constante que me sostiene aún hoy en día.
Nunca volví a saber de Jesús Guzman Gonzalez.

Escribo el discurso de agradecimiento. Lo corrijo, viendo desde la ventana del Gran Hotel de Estocolmo el palacio real sueco mal iluminado.
¿Llegará mi Santa Lucia?
Mi infancia, mi juventud descritas como una orgia nostálgica, un intento por ser feliz, negando las espirales de autodegradación. Hoy más que nunca quisera haber nunca terminado un poema, una historia.
No puedes ir sintiendote humillado por la vida, decía Guzman.
Nuestras diferencias radicaron en que él buscó fama y honor, la descripción acabada de su realidad, de su clase, el ser reconocido por su tiempo y por el mundo.
Mientras corrijo detallo el compromiso literario de mi discurso.
No sé hacia adónde voy. Eso creo, ya veremos que pasa después de que me entreguen el maldito premio.

Thursday, February 16, 2006

060216




¿CERTEZAS?
Al día siguiente de la entrada magistral de Guzman proponiendo sin querer, un nuevo modo de llevar los batones de mezclilla, de acomodar la disciplina, todos, imaginé yo, quedamos maravillados.
Jesús Guzman González era distinto en todo. Viéndolo de reojo me parecia observar que en su rostro había algo muy especial, una expresión extrañamente segura, inteligente.
Hoy al paso del tiempo, en la memoria de esos días pubertales mis recuerdos me remiten a un rostro ni masculino, ni femenino, ni infantil, ni joven, ni viejo, sino a uno milenario, clásico, marcado por todas esas edades que nosotros tendríamos.
Tomé entonces aquél día una decisión, que era certeza. Yo me convertiría en su sombra, a tráves de la amistad me contagiaría de ese clasisísmo que me hacia falta.
Una tarde al salir de la escuela esperé. Venciendo como pude mi timidez, mi complejo de inferioridad causado por mi joroba me le acerqué a Guzman y le dije:
¿Qué haces? ¿Nos vamos juntos?
¿Por qué no?- contesto reaccionando con una naturalidad y aplomo que a mi me costaría medio siglo.
Afectuoso Guzman no dejaba de ser el único de la clase que no me llamaba nunca "Camellito". Sin que yo le preguntara me lo aclaró de repente con palabras que nunca olvidaré, palabras de tono firme, de enorme seguridad en si mismo:
Nadie me merece más respeto que quién sufre una desventaja.
Me habló como una persona mayor o, mejor dicho, mucho mejor que una persona mayor. Con nobleza, sin tapujos, con interés. Nadie me había hablado así hasta ese día.
Recuerdo hoy que estuve callado, en un silencio que inexplicablemente no me pareció incómodo.
Llegando a percibir una certeza en la fuerza de la confianza…
(continuará)

Tuesday, February 14, 2006



060214
"Alguna certeza debe existir, /si no de amar,
al menos de no amar"
Dylan Thomas.
Modificaciónes en el elipse literario de OFICIO:
algunas certezas deberían existir,/
Si no de escribir, al menos de no escribir…

¿Certezas?
Me acuerdo mucho de Jesús Guzmán González. Un compañero del Instituto México.
Me acuerdo mucho también de su colección de estampas de fútbol Bimbo. Tenía él tres "Enriques Borjas"(Pumas, selección, América), a mi nunca me saldrían.
Me acuerdo mucho de su "archivo de poemas olvidados".
A Chucho Guzmán lo recordaré siempre por aquélla tarde gloriosa del 14 de febrero de 1968 en la que desafiante y dandy, buscándose convertir en el lider de la moda y de la moral escolar, entró en el recinto de Amores 1317 luciendo un batón de mezclila larga hasta antes de las rodillas, no abotonado del todo y una camiseta roja, batic, de formas psicodélicas hecha en casa.
Odiábamos en silencio los uniformes de gala y más ir abotonados hasta el cuello, de modo que un gesto así de atrevido como aquél fué importante para todos. Sobre todo para mí, que descubrí ese día algo que iba a ser -para bien y para mal- muy importante en mi vida: la informalidad.
Sí, aquél gesto atrevido de Guzmán se me quedó grabado para siempre en la memoria. Lo mejor fué que ningún marista se atrevió a reprender a Chucho. La distinguida familia Guzmán González con sus limosnas exageradas tenía una gracias casi divina entre la cúpula del Instituto.
Me acuerdo mucho de ese día en clase –andábamos en el segundo de preparatoria- Guzmán entró y todo mundo quedó apantallado. Lo que Guzmán proponía era un nuevo modo de ser.
Una certeza o no.
(continuará…)

Wednesday, February 08, 2006

060208


060208
Trucos en la renuncia literaria.
Así como de un controversial artista chileno llamado Palacio o Castillo se decía que su mejor obra era siempre su horario. De Guerra y Paz puede decirse que su mejor obra fué desaparecer. Sin dejar huella, ni obra alguna desaparecieron los dos en aguas mexicanas.
Neto Guerra decía que Él era sobrino de Oscar Wilde y salvo llenar todo una ciudad con panfletos ilegíbles o intrascendentes para la mayoría, no hizó nada más.
Tavo Paz (junto con su grupo de gruppis, valiendo la redundancia) editó cinco números de una revista bilingüe, y se esfumó. Ejerciendo algo así, que en otras esferas, mas no en las literarias, se le llama la ley del mínimo esfuerzo. Aunque esos 5 números de Ö - símbolo cabalístisco, el 5, de su antepasados aztecas, you know, el clásico "cincodesdeaquítebrinco"- fueron para Tavo suficientes para pasar, con todos los honores, a la historia de la literatura de habla hispana en el país de las sombras largas.
Tavo se atrevió en uno de esos números a escribir que el poeta Másbaratu era judío y traductor oficial del máximo poeta sombrilargiano Tomasito Transtomates. Másbaratu picó el anzuelo y envió una carta de protesta a la redacción de la revista.
Tavo en su papel de redactor encargado desmintió en el editorial del #5, los argumentos manejados dándoles, como decirlo, un sesgo cosmogónico.
Por un lado hizó referencia a los contáctos entre Másbaratu y su persona dónde el poeta le había mostrado sus investigaciones genealógicas y en las que sus raíces sino judías, eran hebreas o al menos parecían provenir -las de quién no- del Medio Oriente.
Sobre el debate o la autenticidad de la versión de ser el traductor oficial de Tomasito era tan ridícula la aseveración -quién es traductor oficial de qué o quién- que Ö ni se preocupó por manejarlo en la respuesta.
Después de ese cabalístico Ö#5, el ahora ya famoso editorial y la culminación de este esfuerzo minimalista dentro de la literatura de el país de las sombras largas,
Tavo se esfumó, Neto se esfumó; dejando nada diplomáticamente, como sucede al desaparecer, a todos esos personajes que detestaban, los de carne y hueso y los de ficción.
Se supo años después que viajaron a México, dónde una tarde envalentonados de mezcal abordaron una canoa en las cercanías de Chachalacas y a sus nuevos cuates les dijeron:
"ahorita regresamos de la canoteada" .
Nadie los volvió a ver nunca, nunca encontraron sus cuerpos.

Friday, February 03, 2006

060203

060203
Una imagen vale más que mil palabras...
Reflexión profunda:
amor
de
Legos
es de
pendegjos...

Thursday, February 02, 2006

060202


Día de la Candelaria... 2 de febrero...
Hoy Mi Alma anda cruzando el Papaloapan, entregado en la celebración en Tlacotalpan...

A otra cosa:
...en la reflexión del tiempo, de la utilización de mi tiempo, pienso lo que me decía Benjamín Carreón, mi maestro:
"No es que yo no fuera filosofo o literato. Pero sobretodo tenía que vivir, ganarme el pan con el sudor de la frente, creando mis sombreros. Gracias a eso pensaba mucho. Era una contemplación creativa...y mucha veces productiva...
en cuanto más se escribe, menos se piensa, podía decir...
Mis apuntes que hasta el momento no leen más que Martha, Harold, Leo, Marie, van saliendo del capullo de mariposa surgido en la selva guatemalteca. De la promesa de Tikal. Y de la duda sobre si contar una historia, sobre mi vida o la de otros como Benjamín vale la pena. En la duda escribo, aunque muchas veces caigo en la idea de que preferiría no hacerlo. Una suicida idea de la pulsión negativa, en esa atracción por la nada. Cuando Bartleby me acompaña, me acoge, me encoge, me revuelve...entonces.
Y creo llegar a la convicción que es de la pulsión negativa, del rechazo, del Laberinto lúcido del No de dónde surge mi escritura por venir...
Escribir no es importante, pero no se puede hacer otra cosa...
Vamonos a la Candelaria....